El objeto ya no está en su estado original, y ahí es donde empieza a mostrar otra capa. El cartón está roto, abierto en pliegues, dejando ver cómo está construido por dentro. Lo que antes era una superficie limpia ahora funciona como una sección visible del objeto, donde se combinan capas, cortes y restos de manipulación.
La identidad sigue presente: rojo intenso sobre blanco y una tipografía serif en “Capi” que recuerda a esas referencias clásicas del tabaco, cercanas a Times o Garamond simplificado. Ahora comparte espacio con advertencias, sellos y códigos que se añaden después, generando una composición que ya no responde a una sola intención.
La textura del desgaste —dobleces, roturas, zonas opacas— modifica la lectura original. El objeto deja de ser únicamente packaging y se convierte en registro físico de uso. Lo que se ve no es solo diseño, sino el paso del tiempo sobre él.

Deja una respuesta