El empaque es de cartón, rígido, pensado para contener sin deformarse. No es translúcido, pero sí acumula grasa en la superficie, dejando marcas que se van sumando con el uso. La impresión es simple: iconos de papas, bebida y hamburguesa que construyen un lenguaje reconocible sin necesidad de leer demasiado.
La tipografía principal es una sans serif pesada, cercana a Impact o alguna de la familia grotesk extendidas de uso popular, pensadas para ser visibles en cualquier contexto. Alrededor, los dibujos funcionan como sistema repetitivo, generando una textura gráfica que cubre toda la superficie. Es un diseño que no busca identidad única, sino pertenecer a un lenguaje ya conocido.
Lo interesante aparece en la decisión del idioma. Todo está en inglés, incluso en un contexto donde eso no es necesario. No es una elección inocente, es más bien una imitación de códigos globales. Y luego está lo otro: el empaque siempre parece más lleno de lo que realmente está. Las papas fritas nunca son suficientes, no terminan de llenar el empaque ni lograr ese propósito de satisfacer al consumidor, entonces el diseño promete más de lo que entrega, y eso también forma parte de cómo se construye la experiencia. 🥲🤣

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